Looking inside, feeling outside

A few days ago I had a very intense conversation with one of my best friends, Hans, who is now studying in La Plata (Argentina), and came over to Chile for a few weeks. He was a kind of classmate of mine in the academy here in Santiago, but he left because of personal issues. Now, he is enjoying of a very different type of education: free, state education.

We love music for sure, and we love also playing it. That is why we feel that addictive adrenaline when we perform… because we are in love of it, and that is why we give something unique to everybody who listen; a language that can be understood only by hearts, by minds and sensitive “souls”.

One thing I always have heard is that thing about the “applauses“. You know: that musicians love that “applause” thing. But I personally -after thinking a lot on it- don’t enjoy that so much…

When I was around 12-13, I played in front of a lot of people in school. I played the guitar accompanied by good friends/classmates: we always made bands, and played rock-funk-pop repertoires, and composed new things. I assume I was very lucky to share that classroom with those talented guys on the guitar, on the bass, on the drums… We played in front of teachers, students, parents… in the anniversary week of the school, in the ceremony of the beginning of the year, or in the last day of it… I still remember a few live performances in front of hundreds of people: almost the whole school with their relatives, etc.

Sure, I always am nervous before performing, and I think it is one of that “addictive” things I mentioned. It is not usual to feel that way on our daily lifes; but music can give me that feeling every time I perform. And I just love it, because when I am on the stage, I can feel how that emotion transforms itself in something new, in some kind of light inside of me, that can be described as “inspiration“, or “garra” (“garra” is a very southamerican word to describe “courage”: garra means “claw”).

At the end of every song, they come: applauses. But sometimes, there is something better than that: SILENCE.

I interpret that as an unique moment when I (or we) achieve the complete commitment with the audience. When I play and end, I need a sigh, a breath.. to make that “end point”, and continue with another thing. Well. I think that when people around me do that silence WITH me, is because they are inside me too, meaning that I touched something important inside them. That definitively is something better than the applause, that immediate applause. And that is just magical… feeling those different types of applauses after that holy moment of silence. Emotional applause, tired applause, exciting applause… you mention them!

That only happens when you are capable of blowing minds. With new flesh, with new and stunning material, sometimes with surprising and impressive performances… I discover every day a new item to add to this “list”, to this ethereal list: playing, hearing, seeing, enjoying shows, on the street, in the stadium… That is why I enjoy silence. Sure… there are moments of hysteria and other emotive things… but silence can give me the evidence of being sharing something inside me with others, in an internal dimension. I mean: I can see and feel through the exterior, the inside of several internal worlds.

Here is one interesting performance of a guy I admire, Chuck Schuldiner, in the first public live performance of his “Sound of Perseverance” album. I just love that gesture of the audience, just standing and contemplating. Enjoy.

Hace algunos días tuve una conversación intensa con uno de mis mejores amigos, Hans, quien estudia actualmente en La Plata, Argentina, y vino a Chile por un par de semanas. Él fue una especie de compañero de curso en la Escuela de Música aquí en Santiago, pero terminó retirándose por problemas personales. Ahora, disfruta de un tipo distinto de educación: libre, gratis, estatal.

Amamos la música, por cierto, y también tocarla. Por eso es que sentimos esa adrenalina adictiva cuando tocamos… porque estamos enamorados de ella, y es por eso que entregamos algo único a quien nos escucha; en un lenguaje que puede ser entendido solo por corazones, mentes y almas sensibles.

Una cosa que siempre he escuchando es eso respecto a los “aplausos”. Ya saben… que los músicos aman los aplausos. Pero yo, personalmente, y después de pensar un montón, no los disfruto tanto…

Cuando tenía 12-13 años, tocaba frente a mucha gente en el colegio. Tocaba la guitarra acompañado de compañeros y músicos: siempre armábamos bandas y tocábamos repertorios funk-rock-pop, y componíamos cosas nuevas. Asumo que tuve mucha suerte de compartir esas salas de clases con todos esos chicos talentosos en la guitarra, la batería, el bajo…. Tocamos frente a profesores, estudiantes, padres, etc. en el aniversario del colegio, en la ceremonia de inicio de año o en la de fin de semestre. Aún recuerdo algunas presentaciones en vivo frente a cientos de personas, casi todo el colegio con sus parientes, etc.

Claro, siempre estoy nervioso antes de tocar, y pienso que es una de esas cosas “adictivas” que mencioné. No es normal sentirse así en nuestra vida cotidiana; pero la música puede darme esa sensación cada vez que toco. Y la amo, porque cuando estoy sobre el escenario, puedo sentir cómo esa emoción se transforma en algo nuevo, en una suerte de luz dentro de mí que puede ser descrita como “inspiración” o “garra” (palabra sudamericana que hace referencia al coraje).

Y al final de cada canción, ahí vienen: aplausos. Pero a veces, hay algo mejor que eso: el silencio.

Interpreto ese silencio como un momento único, cuando yo (o nosotros) conseguimos esa compenetración con la audiencia. Cuando toco y termino, necesito una pausa, un respiro… para hacer ese “punto final”, y continuar con otra cosa. Bueno. Pienso que cuando la gente alrededor mío hace ese silencio CONMIGO, es porque están dentro mío también, significando que toqué algo importante dentro de ellos. Eso definitivamente es algo mejor que el aplauso, ese aplauso inmediato y reflejo. Y eso es mágico… sentir esos distintos tipos de aplausos después de ese instante de silencio. Aplauso emocionado, aplauso cansado, aplauso excitado… tú menciónalos!

Eso solo sucede cuando eres capaz de volar mentes. Con carne fresca, con material nuevo y deslumbrante, a veces con performances sorpresivas e impresionantes… Todos los días descubro un nuevo ítem para agregar a esa “lista”, a esa lista etérea: tocando, escuchando, observando, disfrutando shows, en la calle, en el estadio… es por eso que disfruto el silencio. Claro… hay momentos de histeria, y otros más, pero el silencio puede darme la evidencia de estar compartiendo algo dentro mío con otros, en una dimensión interna. Es decir: puedo ver y sentir a través del exterior, el interior de muchos mundos internos.

Aquí hay una presentación muy interesante de un artista que admiro, Chuck Schuldiner (Death), en la primera muestra en vivo de su disco “The Sound of Perseverance”. Amo el gesto del público, contemplando silente… Disfrutalo!

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